Promover el derecho a la educación

Promover el derecho a la educación

  • Posted: May 10, 2016 -
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Por Patxi Álvarez de los Mozos SJ es el Secretario de Ecología y Justicia Social de la Compañía de Jesús en España.

Hace poco más de 3 años una intensa campaña de la sociedad civil en favor de una educación de calidad en República Dominicana, lograba que una ley del Estado doblara el presupuesto asignado a educación. El Gobierno se comprometió a destinar a educación el 4% del PIB. Desde entonces, el panorama educativo del país está transformándose de modo notable: incremento del número de escuelas, más medios académicos, profesores mejor pagados y la convicción extendida de que la educación es un bien común que merece una atención pública primaria.

Alguna obras de la Compañía jugaron un papel clave en aquella movilización social. Un jesuita me decía recientemente: “aunque la Compañía se hubiera empeñado en mejorar la oferta educativa con todas nuestras energías, nunca habríamos alcanzado un impacto tan grande. El Estado puede hacer lo que nosotros nunca podremos”.

La Compañía se dedica a proveer educación en muchos países, algo que venimos haciendo desde tiempos de S. Ignacio. Trabajamos por nuestros alumnos y alumnas, aquellos que asisten a nuestras aulas, pero en realidad, lo que de verdad deseamos es que la educación de calidad sea accesible a todas las personas, sin discriminación alguna. S. Ignacio decía que el bien era mayor cuanto más universal. Movilizarse por el derecho a la educación –y no solo por la provisión– significa comprometerse por un bien mayor. De ahí que podamos decir que toda nuestra tradición ignaciana nos invita a promover el derecho de todos a una educación de calidad.

La infancia y la juventud de hoy necesitan esta educación, sin olvidar a las personas adultas. La educación ayuda a vivir, genera dignidad, favorece el crecimiento humano y proporciona herramientas para el desempeño profesional. Si queremos luchar por que todos dispongamos de igualdad de oportunidades, necesitamos educación. Si deseamos prevenir la violencia en nuestras sociedades, la educación debe alcanzar a todos los jóvenes y acompañarles durante la difícil adolescencia. La transformación de las percepciones y actitudes sociales precisa la cocción lenta y dedicada de la educación. Aspirar a un desarrollo sostenible, es decir, un mundo inclusivo y respetuoso con el medioambiente, también requerirá de pacientes procesos formativos. En un mundo tan especializado y complejo como el nuestro, en el que aún hay millones de niños y niñas que no van a la escuela, y muchos más que reciben una pobre formación, la educación es más necesaria que nunca.

La Compañía sabe de educación. Nuestra dedicación a esta tarea es ya muy larga, por lo que acumulamos mucha experiencia. Estamos presentes en muchos países, con comunidades de extracción social y étnica muy variada, lo cual nos proporciona una gran diversidad de perspectivas. Asimismo, la espiritualidad ignaciana viene en nuestra ayuda en esta labor educativa, pues reúne numerosos recursos para ayudar a las personas a crecer en dignidad, en trascendencia, en sensibilidad social y en generosidad. Por todo ello, podemos decir con humildad que estamos especialmente preparados para seguir ofreciendo educación a muchos alumnos y alumnas, una actividad que deberemos cuidar con esmero. Si esto es así, nuestra responsabilidad también es mayor.

Es cierto que no podemos llegar a todos los alumnos privados aún de educación, por mucho que nos esforcemos: hablamos de una muchedumbre de menores sin escuela y de personas adultas analfabetas. Proveer educación de calidad para todos será tarea del Estado. No podemos remplazarlo. Lo que está en nuestras manos es entrar en diálogo con los Estados para reclamar que extiendan la educación y lo hagan con estándares de calidad. Tenemos credibilidad para hacerlo así, dado el trabajo que desarrollamos. Tenemos la obligación de hacerlo, si de verdad aspiramos a una necesaria educación universal, como nos demanda nuestra vocación por la justicia.

De ahí que podamos afirmar que promover hoy el derecho a una educación de calidad para todas las personas y a lo largo de toda la vida es un campo necesario en el que expresar nuestro compromiso educativo. Como decía S. Ignacio, el amor, cuanto más universal, más divino.