ODS 8 para enfrentar la crisis de desigualdad extrema, el trabajo decente y la educación

ODS 8 para enfrentar la crisis de desigualdad extrema, el trabajo decente y la educación

  • Posted: Mar 15, 2016 -
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Entrando en las discusiones más de fondo que plantean los ODS, que es lo fundamental para esta nueva ventana de 15 años para cambiar el mundo, considero que un aspecto crítico es el de la desigualdad extrema, en definitiva el mal reparto de la riqueza, los ingresos, las oportunidades, los alimentos, todo. Sabemos bien que existen suficientes activos y recursos de sobra para que cada ser humano tenga las oportunidades de desarrollarse, progresar y vivir seguro y tranquilo. Que no es imposible y que sencillamente depende de decisiones políticas de Gobiernos y del desempeño y políticas de actores privados de mucho peso.

De hecho la mejor fórmula para atacar la pobreza hoy sería combatir ferozmente la grave epidemia de desigualdad extrema que enfrentamos. Algunos datos son especialmente sangrantes –62 personas atesoran tanta riqueza como 3.600 millones; el 1% de la población mundial tanto como el 99% restante. El actual sistema económico pone la economía al servicio de ese 1% e ignora las necesidades y los intereses de la mayoría de la población, destruye el planeta y perjudica gravemente las condiciones de vida de los más pobres. Son las personas más pobres, las que viven en las zonas más vulnerables al cambio climático y sufren sus peores consecuencias a pesar de que está demostrado que la huella de carbono media del 1% más privilegiado de la población mundial podría multiplicar hasta por 175 la del 10% más pobre.

Pero centrémonos en las respuestas, pues es ahí donde el Objetivo 8, compromete a la comunidad internacional a promover el crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todos antes de 2030. Podemos hablar de tres caminos para combatir la desigualdad extrema y por tanto repartir oportunidades a la humanidad en su conjunto –y esbozar así un nuevo modelo económico y social.

El primero está en la fiscalidad: asegurar que quienes más tienen, quienes realizan mayor actividad económica, contribuyen más al bien común. Es decir, pagan los impuestos justos, y no usan mecanismos como los paraísos fiscales para beneficiarse y dar la espalda al resto del planeta. Suena sencillo pero aunque hemos avanzado algo, estamos aún muy lejos.

El segundo tiene que ver con las condiciones del trabajo y su retribución. Hoy por hoy asistimos a un creciente “acaparamiento salarial”: los directivos succionan una parte cada vez mayor de los salarios de sus compañías… El presidente de la principal empresa de tecnología de la información de la India gana 416 veces más que un trabajador medio de esa misma empresa y en las grandes empresas de España, sus máximos dirigentes cobran, en promedio, 158 veces más que su empleado medio.

Y mientras, el salario mínimo no existe o no da para vivir en demasiados países, cada vez hay más “trabajadores pobres”. Siendo mujeres la mayoría de los trabajadores peor remunerados del mundo ya que desempeñan los empleos más precarios. Es imprescindible un salario mínimo universal, y regulaciones que limiten las brechas salariales en cada compañía o sector. La competencia a la baja en las condiciones del trabajo es una de las grandes degradaciones de las últimas décadas que es preciso revertir.

El tercer ingrediente es la inversión social en educación y salud. Si más personas tienen mejores empleos, y además quienes más ingresan y actividad económica realizan –individuos o compañías- pagan más impuestos las posibilidades de inversión social se disparan. Y ahí es donde la educación y la salud son elementos fundamentales: una educación y una salud universal, pública y gratuita. Que llegue a todas las personas, no tenga barreras de entrada y por tanto discrimine positivamente a quienes tienen menos ingresos y oportunidades.

Es necesario recordar que para incrementar las posibilidades de encontrar empleo y que este sea justamente remunerado, es urgente lograr que la mayoría de las personas finalicen al menos la secundaria. Ampliar la educación, que esta sea de calidad y que ofrezca los conocimientos y las competencias necesarias para llevar una vida sana y productiva, es una condición fundamental para lograr una disminución de la desigualdad dentro de los países.

Tres pilares para un nuevo modelo económico y social en los que se debe avanzar en todos y cada uno de los países del mundo.

Jaime Atienza es Director de Campañas y Estudios de la ONG Oxfam Intermon.