La educación: el más vital de los recursos

La educación: el más vital de los recursos

  • Posted: Abr 27, 2016 -
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Por Mª Teresa de Febrer, Departamento de sensibilización de la ONG PROSALUS cuya misión es el respeto, protección y garantía del derecho humano a la alimentación, a la salud y al agua y saneamiento.

Tengo en mis manos una joya literaria que se titula “Lo pequeño es hermoso” cuyo autor no necesita presentación: Ernst Friedrich Schumacher (1911-1977). Conociendo su trayectoria, estaba segura de que en el libro citado encontraría páginas dedicadas a la educación. No en vano, “Lo pequeño es hermoso” está entre los 100 libros más influyentes publicados desde la Segunda Guerra Mundial.

De Schumacher he copiado el título de este post. En efecto, el economista e intelectual dedica uno de los capítulos a la educación y lo titula: “El mayor recurso: la educación”. De este capítulo trascribo las siguientes frases:“La educación es, o debiera ser, la llave de todas las cosas”. “Si la era nuclear acarrea nuevos peligros, si el avance de la ingeniería genética abre las puertas a nuevos abusos, si el consumismo trae consigo nuevas tentaciones, la respuesta debe ser más y mejor educación”.

“La primera tarea de la educación, antes que nada, es la transmisión de criterios de valor, de qué hacer con nuestras vidas”. “El deseo por la educación es por algo que nos conduzca fuera de este bosque oscuro de nuestra ignorancia hacia la luz de la comprensión”.“Los problemas de la educación son meros reflejos de los problemas más profundos de nuestra época”.

E.F. Schumacher publicó “Lo pequeño es hermoso” en 1973. Han pasado más de 40 años y nos encontramos inmersos en el siglo XXI; sin embargo, no resulta exagerado afirmar que podemos trasladar a nuestros días las ideas del economista alemán y completarlas con el enfoque de la educación como derecho humano, reconocido por las Naciones Unidas y explicitado en muchos tratados internacionales de derechos humanos, cuya formulación más extensa la encontramos en artículo 13 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales en el que los Estados afirman que la educación debe orientarse hacia el desarrollo pleno de la persona humana y el reconocimiento pleno de su dignidad, fortaleciendo el respeto de los derechos humanos y las libertades fundamentales.

Hoy muchos autores ponen el acento en el poder transformador de la educación, en la necesidad de educar para el desarrollo integral de las personas, en fomentar el respeto, la colaboración, el espíritu crítico acompañado de propuestas alternativas basadas en la justicia y la solidaridad. Una educación transformadora que lleve al compromiso personal y social frente a la indiferencia que borra cualquier atisbo de responsabilidad frente a las demás personas.

Hoy el más vital de los recursos necesita el poder transformador para que, en palabras del maestro y educador Daniel Jover Torregrosa, “emerja una nueva ética cívica basada en los derechos humanos y que invirtamos la hegemonía de lo cuantitativo en provecho de lo cualitativo”. Ardua tarea, sin duda.