Asegurar la calidad de la educación

Asegurar la calidad de la educación

  • Posted: Abr 08, 2016 -
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Por Guillaume Ndayishimiye Bonja, sj, Director del Lycée du Saint Esprit, en Bujumbura, Burundi.

“La educación de buena calidad, impartida por docentes competentes y bien respaldados, es un derecho de todos los niños, jóvenes y adultos, y no el privilegio de unos pocos”.
Foro Mundial de Educación Incheon – 2015

Dicen acertadamente que el presente determina el futuro. Construir el futuro sobre el presente es verdaderamente lo que hace falta en la educación. Y muchos padres y madres lo han entendido.
Pero ¿cómo asegurar una educación de calidad? ¿Qué mecanismos se deben poner en marcha para conseguirla? ¿Qué parámetros hay que tener en cuenta para asentarla? Si cogemos el caso de Burundi (África Oriental) donde los valores educativos se marchitan y los niveles de formación bajan notable y ostentosamente, resulta necesario poner de manifiesto los elementos necesarios para asegurar la calidad de la educación.
Desde el Liceo Saint Espirit, una escuela de secundaria jesuita en Bujumbura, Burundi, hacen la siguiente reflexión para precisar algunos de estos elementos:

  • La calidad de la semilla: un alumnado bien formado en su lengua materna al acceder a los primeros conocimientos, y en francés e inglés de cara al aprendizaje de nociones científicas, sociológicas, ecológicas; y en matemáticas (abstracción, razonamiento). Correctamente motivados para estudiar, activos en su educación, en buenas condiciones, ¡ellos llevan consigo el fruto de esa semilla!
  • Los entornos de aprendizaje: la buena semilla, para que de un buen fruto, debe crecer en condiciones adecuadas, especialmente, brotar en una tierra sana y en un buen ambiente: clases aireadas, bien iluminadas, abiertas, con buena acústica y visibilidad. Asientos cómodos para las largas horas de trabajo y materiales didácticos suficientes (manuales individuales, material de laboratorio, monitor de ordenador para cada dos alumnos, objetos de ilustración, cuadernos de notas, etc.) Otros parámetros importantes a tener en cuenta: atmósfera de trabajo adecuada, respeto a los horarios, buen equipo de infraestructuras, evaluaciones personales…
    Además, para garantizar la calidad, resulta necesario asegurar una formación integral que también haga florecer los talentos: danzas, lenguas, artes, etc.

Como el producto también depende del celo que ponga en cuidarlo su productor, la calidad educativa también depende del educador. Nuestros educadores cualificados, competentes, conscientes y motivados enriquecen su labor con una formación continua. Deben ser bien tratados, bien remunerados. La falta de esto en muchos países africanos trata de ser corregida con primas más o menos sustanciales. Las condiciones de los educadores afectan en gran medida al rendimiento escolar de sus alumnos: la cura es curar la educación, y por tanto cuidar su calidad.
Los responsables de los colegios contratan a educadores formados y los tratan correctamente (remuneración, primas salariales, resolución de problemas de salud y de familia, provisión de herramientas de trabajo, alivio de trabajo en términos de ratio de estudiantes por profesor…). Para acompañar a los niños, los profesores colaboran estrechamente con los padres y madres (moral, excelencia humana, supervisión del estudio) ya que con la modificación de las estructuras tradicionales socio-familiares de referencia, el estudiante pierde sus referencias.
El Estado y la administración escolar son otras instancias de control de la calidad: políticas educativas, programas, evaluación de curriculum, certificación de niveles. Desafortunadamente hoy los niveles han bajado: los profesores universitarios como empleados se quejan frecuentemente.

El error se encuentra en el entorno mundial y sus condiciones de aprendizaje. Las nuevas tecnologías toman prestados atajos: la calculadora destrona el cálculo, la salvaguarda electrónica mata la memoria, lo audiovisual amenaza la lectura y la escritura. En nuestro país, la depreciación de la educación se debe especialmente a la depreciación de los pedagogos. El educador escolar, anteriormente en la cumbre del saber y la educación, se encuentra ahora en la base de la escala social y ya no es considerado el mejor. Los educadores, los docentes, ¡ni los mejor educados ni los que más saben!
Al contrario: ¡los menos formados, los menos considerados, los peor pagados! Una cultura de la mediocridad produce mediocridad. ¡Matar la educación y perecer!

Esto es lo que escribió el historiador Ki-Zerbo “Educar o perecer”: ¡una alternativa! Destruyendo vapores, ponemos precio a la educación. ¡Que el que mejor enseñe, eduque y gane bien! Valoremos el trabajo del docente, se convertirá en más atractivo y los mejores lucharan por dar lo mejor de ellos mismos y revitalizaremos así los niveles de calidad.