ODS

Educación para conseguir el Objetivo de Hambre Cero

Educación para conseguir el Objetivo de Hambre Cero

  • Posted: dic 05, 2016 -
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Resulta un poco desconcertante que en pleno siglo XXI, y cuando hablamos de objetivos globales para la sostenibilidad del planeta aparezca el tema del hambre como prioridad número dos -inmediatamente después de la erradicación de la pobreza extrema que es uno de los principios generadores de hambre-. Podría parecernos que ésta es una cuestión casi superada, o en todo caso, que estuviese concentrada en situaciones y lugares concretos. Porque, aunque es cierto que en cuestiones de alimentación se han logrado progresos notables en los últimos años, ha sido imposible romper el límite de los 800 millones de personas afectadas por desnutrición.
El primer foco está puesto en la aplicación de medidas de ayuda alimentaria directa en situaciones de alarma. Suelen producirse estas situaciones en países con condiciones económicas muy precarias, o inmersos en conflictos armados o por catástrofes naturales. El gran esfuerzo en la desnutrición, sin embargo, se tiene que centrar en el medio rural, que alberga al 50% de la población mundial, y en el que la gran mayoría practica una agricultura de subsistencia. La estrategia más sostenible es la de reducir la pobreza en el medio rural, para eso se necesita una combinación de actividades: por un lado, mejorar la eficiencia de las actividades agrícolas y ganaderas, pero asegurando su sostenibilidad.

Durante el siglo XX el modo de mejorar la productividad agrícola fue mediante el empleo de agroquímicos, hoy sabemos que hay modelos de producción agrícola, igualmente eficientes y que mediante técnicas apropiadas de laboreo pueden reducir el impacto medioambiental y promover la biodiversidad.
Con todo, un aspecto muy importante que se debería tener en cuenta son las dinámicas socioculturales. Básicamente la desnutrición es un fenómeno rural y las alternativas que se quieren ofrecer están vinculadas al medio rural: mejorar la productividad de la actividad agrícola y forestal, promover su sostenibilidad y asegurar la biodiversidad.

Por lo tanto, soluciones y problemas se encuentran en el territorio de poblaciones rurales. De ahí que considerar las cuestiones sociales sea fundamental. La actividad agrícola está llena de conocimientos que se adquieren por la práctica, no es fácil formar un agricultor sólo en la escuela, forma parte de un aprendizaje de técnicas, pero también de usos y costumbres que sólo se pueden adquirir viviendo en el medio rural. Aquí la educación juega un papel crucial pues debe ser capaz de identificar, reconocer y transmitir saberes que se han conservado de manera informal durante generaciones. Aspectos, que están más claramente en el lado de la cultura que en el de las técnicas.
La sostenibilidad global propuesta por Naciones Unidas, en este segundo gran objetivo, quiere garantizar el acceso de todos a una alimentación suficiente y adecuada, quiere romper de manera significativa el techo de los 800 millones, como se ha hecho ya con unos 120 millones de personas. Indudablemente esto está conectado con la capacidad económica pues el hambre es más un problema de rentas -se carece del dinero necesario para poder comprar alimentos- que un problema de existencias -salvo situaciones muy localizadas y temporalmente- hay alimentos suficientes.
En todo este proceso de sostenibilidad rural, que pasa por una adecuada actividad agrícola y forestal, el papel de la mujer es muy importante. Como hemos indicado no se trata sólo de incorporar técnicas de producción agrícola, sino que es una transformación social que refuerce la vida en contextos muy vulnerables. Mientras que los jóvenes varones emigran masivamente a las ciudades buscando oportunidades laborales, son las mujeres las que permanecen en el medio rural. A ellas se tienen que dirigir muchos de los esfuerzos mencionados, porque son ellas las que finalmente van a llevar a cabo, o no, las transformaciones necesarias.
Este objetivo, como todos, contiene una fuerte carga política. Se necesitan medidas estructurales que permitan alterar la dirección de nuestros modos de producir y de consumir.

Es necesario que los gobiernos se impliquen adoptando medidas que hagan posible los cambios que hemos indicado anteriormente. Pero también es cierto que la alimentación es un ámbito que permite nuestra implicación personal directa. Nuestras opciones alimentarias concretas sostienen un modo de agricultura u otro. Dónde y cómo compramos nuestros alimentos significa si apoyo un sistema que fortalece al agricultor o uno que refuerza el modelo agro-industrial. Comprando en proximidad, productos de temporada y orgánicos, estoy apoyando un modelo sostenible, razonable y humanizador. De hecho, hemos extendido nuestro modelo a los países del sur y así los campesinos se vuelven hacia los monocultivos, perdiendo su autonomía, obligados a monitorizar su actividad y donde al fin el ingreso que pueden recibir no depende de su actividad sino de mercados de inversión que se encuentran a miles de kilómetros y cuyo único objetivo es maximizar su beneficio.

En estos mercados la sostenibilidad, el valor de la comunidad o la autoestima como productor no son valores cotizados.Desde el punto de vista educativo el papel de consumidores responsables es muy importante. En este contexto, necesitamos junto a una acción política decidida un compromiso social fuerte y resistente que permita ir cambiando los modos de pensar y de comprender nuestra relación con los alimentos. En el fondo, si comenzamos a estudiar nuestras opciones alimentarias comenzaremos a tirar de un hilo de coherencia que nos llevará a cuestionar otros aspectos como el transporte, nuestras vacaciones, nuestra vivienda o la forma que tenemos de comprender el mundo y las relaciones sociales.

 

La educación no sólo abre los ojos al derecho a la alimentación, sino que permite reconocer los múltiples factores que intervienen en el ejercicio de este derecho, y lo que es más importante: proponen prácticas que podemos incorporar a nuestra vida cotidiana.

Jose Ignacio García, SJ es editor y colaborador habitual en Ecojesuit www.ecojesuit.com

 

ODS 12: comprar un móvil es una decisión educativa

ODS 12: comprar un móvil es una decisión educativa

  • Posted: jun 28, 2016 -
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Comprender el impacto que tiene nuestro estilo de vida en el medio ambiente es clave para lograr un cambio de comportamiento.

Los residuos, la contaminación y el consumo excesivo, todos perjudican la tierra y sus habitantes, no sólo a través del cambio climático, sino también fomentando la violencia, el desplazamiento masivo de personas, la degradación de la tierra y las prácticas no sostenibles del agua.

El duodécimo Objetivo de Desarrollo Sostenible establecido por las Naciones Unidas reclama el consumo sostenible y los patrones de producción. Según la ONU, para ello será necesario “hacer más y mejor con menos” e “involucrar a los consumidores mediante la sensibilización y la educación sobre el consumo y los modos de vida sostenibles, facilitándoles información adecuada a través de normas y etiquetas, y participando en la contratación pública sostenible”.

Recientemente, los miembros de la Red de Justicia de la Minería han participado en una campaña centrada en este tema. La ONG española Alboan, Misiones Jesuíticas del Reino Unido y Centro Europeo Social Jesuita, con el amplio apoyo de Red Justicia de la Minería, han hecho campaña en torno al tema de los minerales de conflicto, ejerciendo presión para cambiar la legislación europea, para obligar a los fabricantes de artículos tales como ordenadores y smartphones a realizar debidas diligencias de sus cadenas de suministro. Estas debidas diligencias establecerán si algunos de los pagos por los minerales usados ​​en la producción (especialmente tungsteno, estaño, tantalio y oro), procedente de áreas tales como la República Democrática del Congo, están siendo desviados para financiar grupos armados y apoyar los conflictos violentos en África.

Muchas personas no se dan cuenta de todo lo que pasa para producir sus teléfonos celulares. Son ignorantes tanto de la relación entre la producción y el conflicto, como del impacto de la producción sobre el medio ambiente. La Campaña para la Tecnología Libre de Conflictos tiene como objetivo cambiar esto.

La producción de las materias primas sólo para un auricular, por ejemplo, puede generar 75 kg de materiales de desecho. El tungsteno es un componente clave de los teléfonos, que se utiliza en la función de vibración. Pero sólo hay un gramo de tungsteno en cada tonelada de roca, lo que significa que hay casi una tonelada de residuos por cada gramo de tungsteno utilizado en un dispositivo electrónico.

Nuestro consumo de la tecnología también exige una reflexión. En Europa, alrededor del 40 por ciento de los móviles existentes se renuevan cada año, a pesar de que la mayoría de las baterías tienen una vida útil de hasta diez años. No sólo son insostenibles los índices de consumo, pero desechos tecnológicos significativos se vierten luego en los países más pobres, en contravención de la ley y teniendo un impacto devastador en las sociedades y su entorno.

La Campaña para la Tecnología Libre de Conflictos dirigida por Alboan pretende informar a los consumidores sobre lo que su teléfono móvil esconde, con la esperanza de que esto pueda influir en el comportamiento del consumidor. Asimismo, también pretende presionar a los políticos para garantizar que se contemplan en la legislación europea requisitos para las debidas diligencias obligatorias.

Campañas de este tipo son cruciales para asegurar el tipo de consumo responsable previsto por el ODS 12.

Para obtener más información sobre la campaña para la tecnología libre de conflictos, incluidos los recursos educativos e información sobre cómo ayudar, consulte www.tecnologialibredeconflicto.org

Por Julie Edwars, Responsable de los Servicios Sociales Jesuitas en Australia desde 2001 con más de 35 años de experiencia involucrándose con marginados y con familias que están experimentando rupturas y traumas

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La educación para el consumo es educación política

La educación para el consumo es educación política

  • Posted: jun 07, 2016 -
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¿Qué tiene que ver el precio del petróleo Brent con el precio del pan o del arroz?, se preguntaba el director de VSF Justicia Alimentaria Global en un reciente artículo: “Uno de los principales consumidores de cereal son nuestros coches, en forma de biodiesel”, así que, cuando baja el precio del petróleo, baja también el de los cereales. Un gráfico ejemplo de dos rasgos definitorios de cómo funciona el sistema: cualquier cosa, material o no, puede ser mercancía y todo está relacionado.

En septiembre de 2015, Naciones Unidas acordó 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que –al menos sobre el papel- los países se comprometieron a alcanzar en 15 años. El objetivo 12 consiste en garantizar modalidades de consumo y producción sostenibles. Una meta loable y tan urgente que 2030 parece demasiado lejano. Actualmente, la glotonería humana necesita cerca de un 50% más de lo que la Tierra puede regenerar, según el informe Planeta Vivo, de la organización ecologista WWF. Si no cambiamos el ritmo de degradación y de demanda de recursos, en 2030 necesitaremos dos planetas como el nuestro, que es una curiosa manera de cumplir el citado ODS. A este paso, el medio ambiente se nos queda en un cuarto.

Si toda la población mundial tuviera un acceso equitativo a los bienes, el panorama ambiental sería aún peor: si el estilo de vida del Norte socioeconómico se generalizara, necesitaríamos en torno a cuatro Tierras. Tal estado de cosas es, por lo menos, escandaloso. En flagrante contradicción con los objetivos, resulta bastante insostenible, tanto desde el punto de vista ambiental como ético.

Para lograr el objetivo 12, dice la ONU, “es necesario adoptar un enfoque sistémico”, pero el problema es precisamente un sistema –la sociedad de consumo; es decir, el capitalismo- cuyo horizonte de felicidad es, tomando el título de un interesante documental, “Comprar, tirar, comprar”, desligando las cosas de su función primaria (ropa para vestirse, coches para trasladarse, etc.) y endosándoles, a cambio, funciones que tienen que ver con la autoestima. ¿No habría que empezar por cambiar ese horizonte?

Aquí juega un importante papel la educación, y no sólo la que se imparte en las aulas, no sólo la que tiene como sujetos a los y las jóvenes. La ciudadanía entera somos sujeto de educación, porque se trata de poner en cuestión la percepción de lo que es normal. ¿Puede considerarse normal tirar comida mientras millones de personas sufren desnutrición, destruir ecosistemas para lucro privado, pagar todos lo que ensucian algunos, comprar barato a costa de los derechos de las poblaciones más vulnerables, etc.? ¿De verdad resulta apetecible una felicidad que se parece muchísimo a la del hombre de negocios de El Principito de Saint Exupéry, que agota la vida en contabilizar no sabe qué, sin utilidad ni objetivo?

La propia ONU reconoce la importancia de “involucrar a los consumidores mediante la sensibilización y la educación sobre el consumo y los modos de vida sostenibles, facilitándoles información adecuada”. Informar de una manera adecuada es poner sobre la mesa los vínculos ocultos (¿ocultados?) entre injusticia, empobrecimiento y deterioro ambiental, no sea que lo que hace la mano izquierda lo vaya destruyendo la derecha, eso sí, con la mejor de las intenciones. Cuando sepamos, por ejemplo, que tras el precio del pan y del arroz se esconde el del petróleo estaremos en condiciones de decidir. Y la capacidad de decidir es lo que hace libre a una ciudadanía. Por eso la educación para el consumo es educación política.

Araceli Caballero es periodista española, interesada en los vínculos entre empobrecimiento, deterioro ambiental y hábitos de consumo. Colabora con Cristianismo y Justicia, Centro de Estudios dedicado a la reflexión social y teológica, creado en 1981 por los jesuitas de Cataluña. Autora de Protozoos insumisos. Ciudadanía y consumo responsable.

Hacia 2030: el acceso de todas las personas a viviendas y servicios básicos adecuados, seguros y asequibles

Hacia 2030: el acceso de todas las personas a viviendas y servicios básicos adecuados, seguros y asequibles

  • Posted: may 06, 2016 -
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El proceso de urbanización ha sido un fenómeno notable en las últimas décadas y afecta a millones de personas. De manera directa o indirecta, acarrea problemas derivados del crecimiento acelerado de población, como la concentración de población y altos niveles de congestión, (persistentes de la pobreza y desigualdad) y que conllevan costos económicos, sociales y ambientales.

En concreto, son tres millones de personas cada semana lo que migran a la ciudad, contribuyendo así enormemente a la urbanización del mundo, según un estudio de la Organización Internacional de las Migraciones (OIM).

El 54 % de la población mundial vive actualmente en ciudades, es decir, 3.900 millones de personas, y se espera que aumente en las próximas décadas, hasta alcanzar los 6.400 millones para 2050.

Todos estos informes y cifras, y la necesidad de ir más allá, han hecho necesaria la renovación de Objetivos del Milenio -que finalizaron en 2015- y el diseño de una nueva agenda más ambiciosa, que se concreta en los Objetivos de Desarrollo Sostenible, con metas específicas que deberán alcanzarse para 2030. Conseguir que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles es uno de los 17 Objetivos Globales de la nueva Agenda para el Desarrollo Sostenible.

Mejorar la seguridad y la sostenibilidad de las ciudades implica –subraya Naciones Unidas- garantizar el acceso a viviendas seguras y asequibles y el mejoramiento de los asentamientos marginales. También incluye realizar inversiones en transporte público, crear áreas públicas verdes para que así sea inclusiva. Por otra parte, construir ciudades más inclusivas socialmente, accesibles, en favor de los más pobres, equitativas y sensibles a las cuestiones de género.

Además, una ciudad resiliente implica preparar a las ciudades para el cambio, la gestión de la adversidad, la resistencia y para la toma de medidas que reduzcan los riesgos.

Por ello, las metas en este apartado incluyen aumentar la capacidad para una planificación y gestión participativas, integradas y sostenibles de los asentamientos humanos.

Educación y urbanización sostenible

La UNESCO promueve la “Educación para el Desarrollo Urbano Sostenible” como un tema transversal en todos sus sectores. “Aprender a vivir juntos de manera sostenible es uno de los desafíos más grandes de la educación en nuestra época. Este desafío requiere centrarse en la creación de un ambiente educativo de calidad que promueva la sostenibilidad;  oportunidades de aprendizaje a lo largo de toda la vida en las ciudades”.

Por ello, la ONU establece que un buen camino para mejor la vida de las personas y el desarrollo sostenible y es la consecución de una educación de calidad.

Es decir, para construir comunidades y estilos de vida sostenibles, la educación se convierte en la columna vertebral de este y el resto de objetivos, como ya señaló Edujesuit , ya que el reto de la sostenibilidad –que según la Unesco no consiste en otra cosa que aprender a cambiar- marcará la agenda del desarrollo hasta 2030.

Los desastres naturales y la fuerte urbanización

Asimismo, para  2030 se pretende reducir de forma significativa el número de muertes y de personas afectadas por los desastres, incluidas los del agua, y reducir sustancialmente las pérdidas económicas causadas por los desastres.

Pedro Walpole SJ, director del instituto de Ciencia Medioambiental para el Cambio Social (ESSC, por sus siglas en inglés), en Manila, señaló ya en un editorial de 2013 que “a pesar de las comunidades vulnerables pueden mostrar la capacidad de recuperación, el gobierno y la sociedad deben ser compatibles con ellos a través de un mejor acceso a una vivienda segura y la satisfacción las necesidades básicas”.

“¿Cómo podemos vivir la confrontación de las comunidades marginales donde hay una carencia de los servicios básicos e inclusión, reforzada por los desequilibrios debido a la explotación forestal,  la minería o la construcción de presas?, se pregunta el padre Walpole.

ONU-Habitat será el encargado de organizar en octubre de 2016 la próxima cumbre mundial sobre vivienda y desarrollo urbano sostenible (HABITAT III), cuyo objetivo es aprobar una nueva agenda para un desarrollo urbano sostenible.

Paula Sendin es coordinadora editorial de Ecojesuit y realiza apoyo en proyectos audiovisuales gestionados en la ONG Centro Social Jesuita Europeo (JESC).

El agua es fundamental para la vida

El agua es fundamental para la vida

  • Posted: abr 01, 2016 -
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La gran pregunta cuando se descubre un planeta es: ¿hay agua? Si no la hay, no puede haber vida. Dependemos del agua como del aire. Y además necesitamos una gran cantidad para vivir; no solo para beber, asearnos o cocinar. El mayor volumen lo necesitamos para producir alimentos. Si tomamos una persona al azar de cualquier país, y calculamos el agua empleada en producir lo que come, llegaremos a esta cifra: 4000 litros de agua al día se requieren para producir los alimentos que necesita para llevar una vida sana. 20 bañeras de agua diarias.

Pero el agua es un recurso natural renovable. El número de moléculas de H20 que hay en la tierra y en la atmósfera es constante, pero no para de circular. Cuando usamos el agua, lo normal es que la contaminemos. Y al volver a usarla querríamos disponer de ella lo más pura posible, porque nuestra salud, las tierras que regamos y las industrias requieren aguas limpias. Por ello, tenemos que depurarla, aunque eso cuesto dinero. Es una inversión que nos beneficia directamente, porque una naturaleza sana nos permite vivir mejor y llevar una vida más saludable.

No hay vida sin agua. La naturaleza depende de su estado y conservación. Si la malgastamos, extrayéndola de las fuentes naturales superficiales y subterráneas de manera irresponsable, no estará disponible para otras personas, usos o los seres vivos de la que dependen.

El cambio climático está alterando el ciclo del agua: donde escasea será más escasa, donde sobra habrá mayores riesgos de inundación y avenidas. Es muy posible que los sucesos climáticos extremos se agudicen. Ello implica que debemos extremar la conservación de recursos, reducir al mínimo el consumo innecesario y no contaminarla de manera irresponsable. Todos tenemos una responsabilidad.

El agua está presente, aunque oculta, en todo lo que compramos, consumimos y necesitamos. No hay nada que se pueda fabricar sin agua; desde una manzana hasta el teléfono móvil. Es mucha más la que no vemos que la que fluye por los grifos de nuestras casas o soltamos en las cisternas de los baños.

Por ello, tenemos la obligación moral de conservarla para el uso presente, en nuestro día a día y el mañana, y para las generaciones futuras.

Podemos hacer mucho por ello. El consumo de carnes y productos lácteos en general requiere mucha agua en relación a la energía y los nutrientes que nos aportan. No es preciso dejar de consumirlos, pues hay agua suficiente para todos, pero es esencial que nunca los desperdiciemos, arrojándolos a la basura sin más. Así, con cualquier bien en general, pero es en la alimentación donde el desperdicio tiene mayores consecuencias. Nunca arrojemos desperdicios por el retrete, ni lo usemos para nada diferente a su función principal.

Por ello, la educación influye de manera muy significativa en la forma en la que la gente utiliza los recursos, especialmente el agua. Mediante la educación y la sensibilización, las personas son más conscientes de su importancia y usan métodos para hacer un uso más eficiente y sostenible.

Se ha comprobado que los agricultores con estudios en zonas donde el agua escasea, utilizan técnicas de aprovechamiento del agua mucho más eficaces que aquellos que no tienen estudios. Del mismo modo, en los hogares rurales e igual que en las zonas urbanas de la India, es más probable que se utilicen técnicas potabilizadoras de agua si alguno de los padres ha completado la educación primaria y las probabilidades aumentan si ha completado la secundaria. Así mismo, en los países de ingresos elevados, las personas con niveles de educación más altos tienden a ahorrar más agua.

Cuando vemos un río con agua limpia, una fuente, tenemos que sentir una emoción  íntima especial, como la que nos produce avistar un animal noble vagando libremente en su medio. Pero también es una llamada a nuestra conciencia, reconocer lo privilegiados que somos por vivir en la tierra y la obligación que tenemos que conservarla.

Alberto Garrido es Profesor de Agricultura y Recursos Económicos de la Universidad Politécnica de Madrid, España.

ODS 8 para enfrentar la crisis de desigualdad extrema, el trabajo decente y la educación

ODS 8 para enfrentar la crisis de desigualdad extrema, el trabajo decente y la educación

  • Posted: mar 15, 2016 -
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Entrando en las discusiones más de fondo que plantean los ODS, que es lo fundamental para esta nueva ventana de 15 años para cambiar el mundo, considero que un aspecto crítico es el de la desigualdad extrema, en definitiva el mal reparto de la riqueza, los ingresos, las oportunidades, los alimentos, todo. Sabemos bien que existen suficientes activos y recursos de sobra para que cada ser humano tenga las oportunidades de desarrollarse, progresar y vivir seguro y tranquilo. Que no es imposible y que sencillamente depende de decisiones políticas de Gobiernos y del desempeño y políticas de actores privados de mucho peso.

De hecho la mejor fórmula para atacar la pobreza hoy sería combatir ferozmente la grave epidemia de desigualdad extrema que enfrentamos. Algunos datos son especialmente sangrantes –62 personas atesoran tanta riqueza como 3.600 millones; el 1% de la población mundial tanto como el 99% restante. El actual sistema económico pone la economía al servicio de ese 1% e ignora las necesidades y los intereses de la mayoría de la población, destruye el planeta y perjudica gravemente las condiciones de vida de los más pobres. Son las personas más pobres, las que viven en las zonas más vulnerables al cambio climático y sufren sus peores consecuencias a pesar de que está demostrado que la huella de carbono media del 1% más privilegiado de la población mundial podría multiplicar hasta por 175 la del 10% más pobre.

Pero centrémonos en las respuestas, pues es ahí donde el Objetivo 8, compromete a la comunidad internacional a promover el crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todos antes de 2030. Podemos hablar de tres caminos para combatir la desigualdad extrema y por tanto repartir oportunidades a la humanidad en su conjunto –y esbozar así un nuevo modelo económico y social.

El primero está en la fiscalidad: asegurar que quienes más tienen, quienes realizan mayor actividad económica, contribuyen más al bien común. Es decir, pagan los impuestos justos, y no usan mecanismos como los paraísos fiscales para beneficiarse y dar la espalda al resto del planeta. Suena sencillo pero aunque hemos avanzado algo, estamos aún muy lejos.

El segundo tiene que ver con las condiciones del trabajo y su retribución. Hoy por hoy asistimos a un creciente “acaparamiento salarial”: los directivos succionan una parte cada vez mayor de los salarios de sus compañías… El presidente de la principal empresa de tecnología de la información de la India gana 416 veces más que un trabajador medio de esa misma empresa y en las grandes empresas de España, sus máximos dirigentes cobran, en promedio, 158 veces más que su empleado medio.

Y mientras, el salario mínimo no existe o no da para vivir en demasiados países, cada vez hay más “trabajadores pobres”. Siendo mujeres la mayoría de los trabajadores peor remunerados del mundo ya que desempeñan los empleos más precarios. Es imprescindible un salario mínimo universal, y regulaciones que limiten las brechas salariales en cada compañía o sector. La competencia a la baja en las condiciones del trabajo es una de las grandes degradaciones de las últimas décadas que es preciso revertir.

El tercer ingrediente es la inversión social en educación y salud. Si más personas tienen mejores empleos, y además quienes más ingresan y actividad económica realizan –individuos o compañías- pagan más impuestos las posibilidades de inversión social se disparan. Y ahí es donde la educación y la salud son elementos fundamentales: una educación y una salud universal, pública y gratuita. Que llegue a todas las personas, no tenga barreras de entrada y por tanto discrimine positivamente a quienes tienen menos ingresos y oportunidades.

Es necesario recordar que para incrementar las posibilidades de encontrar empleo y que este sea justamente remunerado, es urgente lograr que la mayoría de las personas finalicen al menos la secundaria. Ampliar la educación, que esta sea de calidad y que ofrezca los conocimientos y las competencias necesarias para llevar una vida sana y productiva, es una condición fundamental para lograr una disminución de la desigualdad dentro de los países.

Tres pilares para un nuevo modelo económico y social en los que se debe avanzar en todos y cada uno de los países del mundo.

Jaime Atienza es Director de Campañas y Estudios de la ONG Oxfam Intermon.

El objetivo de reducir la desigualdad, indispensable para otros

El objetivo de reducir la desigualdad, indispensable para otros

  • Posted: feb 09, 2016 -
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La nueva Agenda 2030 cuyo propósito global es lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) supone avances notables respecto a su predecesora, los Objetivos del Milenio (ODM), rectores hasta el año pasado.

El principal es su universalidad que requiere a su vez de una ambición de cambio estructural. Los ODM se centraron en las consecuencias de la injusticia y en dirigir una financiación suficiente a revertirlas, sea en educación, salud o alimentación, entre otros derechos. La responsabilidad de los países desarrollados se limitaba a la provisión de ayuda eficaz y ciertas medidas relacionadas con el comercio y el medio ambiente. El sistema no era cuestionado.

Los nuevos ODS incorporan aspectos estructurales, centrales para lograr la erradicación de la pobreza en un mundo sostenible y justo. El empleo de calidad, cambios en el modelo productivo o la lucha contra el cambio climático, son ámbitos necesarios y pertinentes para cualquier país, sea cual sea su nivel de desarrollo.

El ejemplo más claro de este carácter sistémico de los ODS es el 10, referido a la desigualdad y su incremento imparable, hoy en boca de todos. Y no solo en las de economistas transformadores como Piketty o de movimientos sociales. También sospechosos poco habituales de ser “anti sistema” como Christine Lagarde o billonarios americanos, se han referido a la desigualdad extrema como uno de los riesgos de nuestro tiempo. El Papa ha sido, como en otros temas, más profético y contundente que nadie y ha calificado la desigualdad como “la raíz de los males sociales”, desarrollando su argumento en múltiples intervenciones.

Hay un acuerdo notable, basado en múltiples investigaciones, en que la desigualdad no solo es injusta. Cuando crece y perdura, como es el caso en la mayoría de los países, frena el crecimiento, lo hace menos inclusivo y sostenible, rompe la cohesión y estabilidad sociales e impide acabar con la pobreza. La teoría del rebalse por la cual basta con crear riqueza para acabar con la pobreza, está muerta. Hoy, la riqueza creada es acaparada de forma obscena por unos pocos, por ese 1 % que, cooptando leyes y políticas, ya posee la misma riqueza que el resto de la humanidad. Un reciente informe de Oxfam demuestra que solo 62 billonarios tienen la misma riqueza que 3600 millones de personas.

Donde hay menos consenso es en las soluciones. O digamos que hay más miedo. Ese temor reverencial que tenemos los que nos sentimos “seguros”, a perturbar el orden establecido y entrar en terrenos inciertos, de cambio transformador. A las personas vulnerables no les queda otra, ya perdieron ese miedo.

Una consecuencia de ese temor es la dificultad de enfrentar la desigualdad con objetivos ambiciosos, políticas transformadoras e indicadores claros. Buen ejemplo de ello es el ODS 10. Su primera meta está centrada en elevar el ingreso del 40 % más pobre de cada país por encima de la media nacional. Al no referirse al ingreso del 1 % o del 10 % más rico, la meta se queda corta. No tiene en cuenta la finitud de los recursos y la necesidad de asegurar la sostenibilidad planetaria, ni asegurar que no es la clase media la que se pauperiza donde aun es fuerte o apenas sale de la pobreza donde está emergiendo. La redistribución de recursos y riqueza es imprescindible.

El resto de los contenidos del ODS 10 tiene las referencias adecuadas, a la inclusión económica y políticas fiscales, salariales y de protección social que avancen en la igualdad. Bien, aunque sabemos que estas aspiraciones no se conseguirán con enunciados retóricos sino con medidas de política duras y valientes, que reduzcan las brechas salariales, acaben con la evasión y elusión fiscal y aseguren una renta básica a la población más vulnerable. Una fiscalidad justa debe asegurar políticas sociales fuertes que garanticen, entre otros derechos, una educación universal de calidad, catalizadora de otros derechos y de una mayor equidad.

El ODS 10 sienta las bases para la lucha contra la desigualdad extrema. Sin embargo nos queda un largo camino para aterrizarlo en cada país de forma que sea un factor de transformación real. Hará falta mucho debate, datos claros y propuestas alternativas que muestren el camino de la equidad y que lo vinculen de forma consistente con la sostenibilidad ambiental y el cambio climático.

De los 17 ODS, el 10 es de los más sensibles y complicados ya que reta al sistema en sus fundamentos, un sistema que favorece descaradamente al 1 % de la población. Dicho esto, es un objetivo imprescindible. Si no se consigue, el resto de los ODS serán pura ilusión.

 

José María Vera, Director General de Oxfam Intermón, ONG española miembro de la Coalición Oxfam Internacional que trabaja en desarrollo, sensibilización y comercio justo para contribuir a erradicar la pobreza y reducir la desigualdad.

Más allá de la letra impresa

Más allá de la letra impresa

  • Posted: ene 22, 2016 -
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Desde tiempos remotos, el binomio salud/enfermedad se ha venido analizando desde perspectivas muy diversas y con resultados cuando menos interesantes. Actualmente, el enfoque de los determinantes de la salud ha servido para tomar en consideración aspectos vitales de primer orden, en otras palabras “la salud y sus circunstancias”, de las que hablan el doctor Juan Gervas y la doctora Mercedes Pérez Fernández, autores del libro titulado Sano y salvo en el que muestran y demuestran su experiencia clínica para tratar de la salud y de la enfermedad y huir de cuantas intervenciones sanitarias conlleven la pérdida de nuestro bienestar las cuales, lejos de mejorar nuestra salud, la veamos perjudicada.

En efecto, en el citado libro encontramos el apartado “La salud y sus circunstancias”, en el que afirman los autores que la salud depende de una serie de determinantes: “La salud depende de nuestra alimentación y de las condiciones de nuestra madre antes y durante el embarazo, y más allá. […] Fundamental en salud es la educación, la personal y la de nuestros padres (especialmente de la madre). Una de las medidas básicas para promover la salud es lograr que las niñas vayan a la escuela y que terminen al menos el periodo obligatorio de escolarización”

Los autores afirman con rotundidad que “Tener una madre que haya recibido educación formal es un tesoro para la salud” […] Tener acceso a educación, agua corriente depurada, trabajo y vivienda es tan importante para combatir las infecciones como las vacunas y los antibióticos”.

Me he permitido arrancar este post con citas que encontramos en las páginas de Sano y salvo porque me parece interesante constatar que, desde perspectivas diversas, llegamos a la mismas conclusiones acerca de la relación intrínseca existente entre educación y salud, relación que, en este caso, confirman dos eminentes representantes españoles del sector médico.

La salud y la educación tienen en común que ambas se desenvuelven y refuerzan a través de procesos de conducen a la transformación de las personas, procesos que se convierten en motores del desarrollo humano sostenible. Así se puso de manifiesto en el Foro Mundial sobre la Educación 2015, concretamente en la Declaración de Incheon. En efecto, al mirar hacia el horizonte 2030 y recogiendo la propuesta del cuarto Objetivo de Desarrollo Sostenible, se afronta el futuro conducido por la educación, observando con preocupación que, actualmente, gran parte de la población mundial que se encuentra sin escolarizar vive en zonas de conflicto y afectada por fenómenos perturbadores, entre otros, las pandemias que ponen en grave riesgo la educación y el desarrollo humano. En tales contextos, se subraya la necesidad de impartir la educación en “entornos de aprendizaje sanos”.

En cuanto a la salud, para alcanzarla también necesitamos poner en marcha un proceso en el que, en primer lugar, debemos analizar las causas y efectos de las desigualdades sociales que atenazan a importantes sectores de la sociedad, entre las que se cuentan las desigualdades en el ámbito de la educación. Obviamente, en ese proceso buscamos también las transformaciones necesarias para alcanzar el nivel más alto posible de salud, es decir, el reconocimiento del derecho a la salud.

Los procesos transformadores en el ámbito de la educación y de la salud que recoge la Agenda 2030 no deben quedarse en la letra impresa porque las verdaderas transformaciones no las encontramos solamente escritas sino en el espíritu y en la voluntad de las personas. Las verdaderas transformaciones van más allá de la letra impresa.

Mª Teresa de Febrer

Departamento de sensibilización de la ONG PROSALUS cuya misión es el respeto, protección y garantía del derecho humano a la alimentación, a la salud y al agua y saneamiento.

La educación y la salud: compañeras inseparables

La educación y la salud: compañeras inseparables

  • Posted: nov 05, 2015 -
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Por Mª Teresa de Febrer, miembro de la ONG española Prosalus, que trabaja desde 1985 por la promoción de la salud en varios países de África y América Latina.

A veces resulta poco esclarecedor contestar una pregunta con otra pregunta; sin embargo, en esta ocasión es conveniente hacerlo y no se necesitan conocimientos especiales para responder: ¿pueden los niños y las niñas o los jóvenes ver reconocido su derecho a la educación si no gozan de buena salud? ¿La buena salud se ve influenciada por la educación? La respuesta es que resulta complicado acceder a unos niveles mínimos de salud sin unos conocimientos mínimos con respecto a qué entendemos por salud y cómo practicarla. Además, una persona enferma tiene pocas posibilidades de acceder a la educación.

La Organización Mundial de la Salud se ha pronunciado en repetidas ocasiones y de forma contundente acerca de la estrecha relación existente entre educación y salud. Sus afirmaciones van acompañadas de múltiples indicadores y han servido para reforzar los argumentos de otras agencias de las Naciones Unidas:

  • La educación es una herramienta básica para romper el fatídico círculo de la enfermedad, la pobreza, la desigualdad y la exclusión.
  • Los problemas de salud pueden socavar las inversiones en educación ya que algunas enfermedades mantiene a los niños y a las niñas lejos de la escuela. En otros casos, tienen que interrumpir prematuramente su educación para cuidar a familiares enfermos.
  • Algunas enfermedades parasitarias tropicales reducen la absorción de nutrientes, afectan al desarrollo de las funciones mentales y comprometen los resultados educativos.
  • La educación y la salud se refuerzan mutuamente para que las personas puedan desarrollar plenamente su potencial humano.
  • La educación de las madres es un determinante primordial para la supervivencia de los niños y las niñas.

Asimismo, la educación es uno de los principales determinantes de la salud, es decir, las condiciones socioeconómicas, culturales y medio ambientales en las que las personas nacen, crecen y viven, entre las cuales se encuentra la educación, tanto formal como informal porque la educación es condición necesaria para alcanzar un nivel de bienestar físico, individual y colectivo y, por ende, lograr el desarrollo humano sostenible, en este caso, concretado en el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) número 3 (garantizar una vida sana…) y número 4 (garantizar una educación inclusiva…).

En efecto, el ODS 4 apunta a garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje para todas las personas durante toda la vida. Para ello es necesario contemplar el ODS 3, garantizar una vida sana y promover el bienestar para todas las personas a lo largo de toda su vida, ODS que me permito enlazar con el artículo 12 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales que proclama que las personas deben alcanzar “el disfrute del nivel más alto posible de salud”.

La educación y la salud son compañeras inseparables, como son inseparables la realización del derecho a la educación y el derecho a la salud, sin equívocas prioridades entre los derechos humanos porque hoy ya no existen derechos humanos de primera o de segunda generación y todos ellos, sean civiles, políticos, económicos, sociales o culturales, deben ser respetados, protegidos y garantizados por los Estados.

La realidad, sin embargo, nos presenta casos en los que nos empeñamos en establecer cierta “competencia” en el reconocimiento de los derechos humanos. Craso error que conlleva consecuencias muy negativas, especialmente, para las personas más vulnerables quienes desconocen, en muchos casos, que son titulares de derechos que también desconocen. Así se establece un círculo maligno que la educación puede y debe quebrar con el objetivo de formar e informar acerca de los derechos humanos, piedra angular de la convivencia humana, porque no solo la educación y la salud son inseparables, también son inseparables el acceso a la alimentación, al agua y saneamiento o el acceso a una vivienda digna, por citar algunos derechos humanos.

 

Comunidades de fe de todo el mundo responden a los Objetivos Mundiales

Comunidades de fe de todo el mundo responden a los Objetivos Mundiales

  • Posted: oct 23, 2015 -
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La Compañía de Jesús, a través del Secretariado para la Justicia Social y la Ecología (SJES), se unió a dos reuniones globales el pasado mes de septiembre, en donde se exploraron vías por las que comunidades de fe e instituciones religiosas puedan responder a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), más conocidos ahora como Objetivos Mundiales.

Patxi Álvarez de los Mozos, SJ, director de SJES, participó en la conferencia en Bristol sobre la fe y los ODS  donde líderes de fe de todo el mundo y oficiales de Naciones Unidas se reunieron en Bristol, Reino Unido, del 7 al 10 de septiembre, para examinar el apoyo a los nuevos objetivos. Los Compromisos de Bristol emergieron de este encuentro y se reflejaron en la publicación titulada Fe en el Futuro que engloba una gama de medidas prácticas de 24 grupos religiosos y comunidades de fe, incluida la Compañía de Jesús, los cuales esbozaron sus planes y compromisos de fe durante diez años.

El encuentro de Bristol fue organizado por la Alianza de Religiones y Conservación, una organización secular que ayuda a las principales organizaciones de fe a desarrollar programas medioambientales basados en las propias enseñanzas, credos y prácticas, en asociación con el Programa de Desarrollo de la ONU.

Patxi también se unió a unos 80 representantes de organizaciones basadas en la fe para explorar maneras de acabar con la pobreza extrema y promover los ODS en unevento organizado por el Consejo Mundial de Iglesias  el 24 de septiembre de 2015 en la capilla del Centro Ecuménico de Naciones Unidas en Nueva York, EE.UU. En esta reunión, el Marco de Acción Basado en la Fe para Poner Fin a la Pobreza Extrema se puso en marcha en una declaración conjunta para llamar a la acción, titulada Poner Fin a la Pobreza Extrema: Un Imperativo Moral y Espiritual, dada a conocer en abril de 2015 y firmado por 39 líderes de las principales religiones del mundo y las organizaciones globales de fe.

En una breve entrevista con Paula Sendín de Ecojesuit, Patxi comparte sus pensamientos sobre la acción mundial basada en la fe que está recibiendo apoyo y el sincero deseo de avanzar en las metas mundiales a través de programas ambientales y el imperativo moral y espiritual para poner fin a la pobreza extrema.

Paula: ¿Cuál era el objetivo de estas reuniones?

Patxi: El objetivo fundamental consistía en compartir cómo instituciones procedentes de diversas religiones están contribuyendo a los actuales Objetivos del Desarrollo Sostenible. Nos hemos reunido grupos musulmanes, bahai’, sikh, hindúes, shintoistas, judíos y cristianos de diversas denominaciones que representamos a 24 tradiciones de fe de todo el mundo, la mayoría trabajando en temas medioambientales. El encuentro de Nueva York estaba organizado por el PNUD y el Consejo Mundial de Iglesias y estaba más centrado en el objetivo de erradicar la pobreza y avanzar en los ODS.

Paula: Con la agenda de desarrollo post-2015 adoptada por la ONU y líderes mundiales, ¿cuál es opinión sobre los ODS? ¿Qué limitaciones encuentra?

Patxi: Los recién aprobados ODS son más concretos, están basados en la experiencia que se ha ganado estos últimos 15 años con los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que ayudan a la comunidad Internacional a responder mejor con sus esfuerzos a las preocupaciones más importantes. Tienen la ventaja de que ahora son los propios países los que tienen que desarrollar sus planes nacionales para responder a los ODS.

Destacaría dos limitaciones. Primero, son muchos, 17 objetivos y 169 metas. El elevado número de metas puede dar lugar a una gran dispersión y pérdida de focalización. Segundo, la financiación es un elemento clave, principalmente la que procede de la solidaridad internacional. Los países que afrontan los mayores retos son también los más pobres. Precisan de esa financiación. La reciente Cumbre de financiación del desarrollo de Addis Abeba del pasado mes de julio ha presentado unos magros resultados, de los que no puede esperarse una gran ayuda para los países más pobres.

Paula: ¿Por qué el PNUD se interesa por las religiones en el debate de los ODS?

Patxi: Durante mucho tiempo, en el ámbito de la sociedad civil internacional las religiones se han considerado un serio obstáculo para el progreso social y la emancipación de las personas. Eran parte del problema. Sin embargo, hoy en Naciones Unidas crece la conciencia de que las instituciones religiosas están trabajando desde hace décadas en las áreas clave del desarrollo, contribuyendo precisamente a aquellas áreas de desarrollo identificadas como clave por el sistema de Naciones Unidas. De tal manera que son un actor esencial. Son parte de la solución.

UNICEF indicaba que el 50% de las escuelas en el mundo son gestionadas por comunidades religiosas. Algo semejante sucede en el campo de la salud, el cuidado infantil, el desarrollo comunitario, etc. Y mientras hay objetivos están planteados como grandes cuestiones técnicas, al mismo tiempo existe un número cada vez mayor de personas en Naciones Unidas que se dan cuenta de que se necesita además incorporar valores, compromiso personal y organización comunitaria, algo que aportan las religiones.

Incluso en el Banco Mundial han caído en la cuenta de que es necesario impulsar los movimientos sociales, apoyándolos y dinamizándolos. Confían en la capacidad de incidencia de la gente y especialmente en la capacidad de advocacy de los movimientos religiosos. Un mejor engranaje entre mercados, sociedad civil y estado contribuye al desarrollo. En esa sociedad civil las instituciones religiosas juegan un papel muy relevante.

Paula: ¿Qué contribución pueden hacer las religiones en el marco de los ODS?

Patxi: Aportan valores, perseverancia, compromisos largos, organización social. Dinamizan la generosidad de muchas personas. Acercan el rostro de los pobres, porque trabajan junto a ellos. Además, las religiones favorecen determinados estilos de vida. Muchos de ellos están orientados hacia lo que podríamos llamar la “austeridad compartida,” modos de vida más sencillos, menos consumistas, activos en el compartir los bienes de la tierra para que alcancen para todos. Estilos de vida como estos son clave en la actualidad. Sus motivaciones son fundamentalmente espirituales y no únicamente morales o cognitivas.

De tal manera que los ODS tal vez sean nuevos para la sociedad civil internacional. Pero no lo son para las instituciones religiosas. Llevan trabajando en estas áreas muchos años y lo seguirán haciendo aunque no se lo pidan.

Paula: ¿Qué rol puede jugar la Iglesia Católica?

Patxi: La Iglesia Católica juega ya un papel muy importante. Su trabajo en el campo social y ecológico es muy amplio, tanto a través de parroquias, como Cáritas, obras sociales de congregaciones religiosas y grandes ONGs internacionales. La actividad de los últimos Papas, y muy especialmente del Papa Francisco, nos muestra que su liderazgo moral puede hacer mucho para movilizar a la comunidad internacional hacia estos campos clave para la promoción hoy de la dignidad humana.

La Iglesia Católica también puede jugar un papel importante estableciendo colaboraciones con otros credos religiosos en estos campos de reducción de la pobreza, disminución de la desigualdad y defensa del medioambiente. Creo que en todas estas áreas la Iglesia Católica ya está realizando grandes aportaciones.

Paula: ¿Qué dificultades pueden tener las Iglesias para contribuir a estos retos?

Patxi: Estos retos requieren grandes espacios de colaboración. Las Iglesias pueden tener a veces recelos a ser cooptados por los estados o por otras grandes organizaciones. Estos recelos no siempre están exentos de razones. Pero sin amplias colaboraciones no será posible abordar los retos del desarrollo.

A veces a las Iglesias les cuesta aceptar que su actividad sea auditada y evaluada. Pero no se trata de hacer el bien, sino también de ser capaz de lograr un impacto real en la vida de las personas. Además, las Iglesias pueden tener el riesgo de considerar que la profesionalidad y el conocimiento pueden sustituirse por las buenas intenciones. Y no es así, este mundo es muy complejo, precisa de soluciones seriamente reflexionadas e implementadas, y no siempre estamos bien preparados.

Paula: ¿Le parece que la Compañía de Jesús está bien posicionada ante estos temas? ¿Qué debería hacer para responder mejor?

Patxi: Creo que la Compañía de Jesús está bien posicionada en estas cuestiones, pero obviamente tenemos un amplio margen de mejora, principalmente en cooperación internacional. Una mayor colaboración dentro de la Compañía entre obras y provincias nos permitiría trabajar mejor por nuestra misión y alcanzar un mayor impacto. Los ámbitos más propicios para esta colaboración son la reflexión e investigación académicas, la sensibilización y la incidencia pública. Para ello, necesitaremos una mayor conciencia de la importancia de progresar en estas áreas y una organización que dé soporte a las actividades que deberán ponerse en marcha.

Paula Sendín, Ecojesuit